La cultura
universitaria está de fiesta.
La noche del
sábado y el mediodía del domingo ocurrió el primer concierto conmemorativo por
los 80 años de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) y los 40 años de su
sede, la Sala Nezahualcóyotl.
Fue un programa
de gala. Inició con la Obertura académica
festiva, de Johannes Brahms, muy apropiada para la ocasión.
De inmediato se
notó un cambio para bien en el sonido de la OFUNAM, debido a la batuta huésped
del serbio Bojan Sudjic, cuya calidad y buen talante ha sido acogida con
beneplácito por los integrantes de la orquesta.
El sonido de la
orquesta universitaria es ahora transparente, nítido, con todos su relieves
bien definidos, cálido, gracias al trabajo de Bojan Sudjic.
Suceden ahora
puras cosas buenas en lo que tiene que ver con música en la UNAM.
El público de la
Sala Nezahualcóyotl ha crecido y destaca la presencia constante de muchos
jóvenes, merced al acertado manejo de difusión. En redes sociales, por ejemplo,
las actividades musicales de la UNAM son un agasajo.
Y también gracias
a una excelente programación, bien planeada y preparada, la Sala
Nezahualcóyotl presenta llenos totales
durante todos sus conciertos.
Al contrario del
apresuramiento y falta de información de algunas notas de prensa amarillistas,
el proceso de sucesión en la OFUNAM no significa un obstáculo para el desempeño
óptimo de las actividades musicales y las pruebas están a la vista y al oído.
De hecho, Bojan
Sudjic parece perfilarse como serio candidato a ser elegido, en un proceso en
el que participarán con su voto los integrantes de la orquesta y la decisión
final la tomarán el titular de la Dirección General de Música de la UNAM,
Fernando Saint Martin De Maria y Campos y el rector, Enrique Graue, quien
estuvo en el palco de honor la noche del sábado y después departiendo
cordialmente con todo aquel que se acercó a él.
Siguió, en el
concierto conmemorativo, la participación del siberiano Vadim Repin en el
Concierto para violín de Max Bruch con un detalle de esos que hacen que la
música sea un paraíso: regaló una pieza como encore, un Capricho de
Paganini pero antes dirigió a la sección de cuerdas de la OFUNAM con su propio
violín en pizzicato hasta formar un coro lindo que le sirvió de acompañamiento y
todo sonó como un juguetito musical muy disfrutable.
Después del
intermedio sucedió el estreno de la excelente partitura que el notable
compositor mexicano Samuel Zyman escribió, por encargo de la UNAM, para la
ocasión: Ríos y vertientes, una
potente celebración fluida, tersa, de gran nivel.
La fiesta se
prolongó con las siguientes tres piezas donde destacó la música jarocha, la de
metrópoli en el Danzón Número 2 de
Arturo Márquez y la de tierra adentro en el Huapango
de Moncayo.
Y todos nos
aventamos una sonora goya como lo marca la partirtura Goyas, de Arturo Márquez.
En el vestíbulo
de la Sala Nezahualcóyotl se muestra una magnífica exposición con la historia
de este recinto/joya/instrumento musical.
Podemos ver, por
ejemplo, fotografías de las labores de construcción
y la Sala
Nezahualcóyotl recién terminada, con la vista privilegiada de los volcanes, hoy
arruinada por el amontonadero y desorden de construcciones que pululan
alrededor (el Muac, por ejemplo, fue una imposición, originalmente se
construiría junto a Universum, pero ese afán de tapar obras de arte y de show
político dejaron ese armatoste en primer plano) y las obras en construcción no
paran.

La inauguración de
la Sala Nezahualcóyotl ocurrió el 30 de diciembre de 1976. Este es el programa
de mano de aquel concierto inaugural:

cuando cumplió
sus primeros 20 años, escribí la historia de ese recorrido en un libro que
publicó la UNAM
hoy en día la
Sala Nezahualcóyotl vive un periodo de alegría y brillantes. Es la casa de la
OFUNAM, rozagante octagenaria.
Goooooyaaaa,
goooyaaa, cachún cachún ra rá, cachún cachún ra rá, goyaaaaa,
Universidaaaaaaad.



