martes, 17 de mayo de 2016

Una fiesta de cumpleaños para Satie

Este martes 17 de mayo se cumplen 150 años del nacimiento de Erik Satie, maestro detonador de revoluciones musicales.
Quizá su obra más conocida sea el tríptico de Gimnopedias, cuyo primer episodio suena así:


Es una de las obras con mayor número de grabaciones discográficas, al igual que la orquestación que realizó Debussy, fascinado por la magia de esta obra, y suena así (aunque el título del video dice Gimnopedia 3, se trata de la 1, ciertamente):




La numerología fue parte de la magia de Satie. Escribió Tres Gimnopedias, dos veces, es decir Seis Gimnopedias, al igual que Tres Gnossiennes, o Gnosedias, también dos veces: 6. Otra de sus obras célebres se titula Tres pedazos en forma de pera. También: Tres Sarabandas. Las Gnosedias poseen encanto irresistible. Como la Gnosedia Primera, que suena así:



El sentido del humor de Erik Satie se manifestó en su música de manera rotunda. Como en la siguiente obrita, donde parodia los finales épicos de las obras del sturm und drang y del romanticismo e inventa una serie de falsos finales. Algo así como si un mariachi (guácala) hiciera varias veces su salida con un tan ta rán, tántan pero sin terminarla. Disfruten:




En contraste, la profundidad espiritual que alcanzan algunas de sus obras resulta acentuada por la capacidad poética del pianista en cuestión. Sin duda, a quien debemos el conocimiento de la obra completa para piano de Satie es al maestro francés Aldo Ciccolini, recientemente fallecido y a quien tuvimos la fortuna de conocer en sus distintas visitas y recitales en México.
El estilo Ciccolini es indiscutible. Pero hay otros estilos que resultan fascinantes por su incursión sonora siguiendo la intuición de Satie y sobre todo por el espíritu de libertad que el compositor inspira a los músicos libres, como lo fue Ciccolini y como lo es el maestro holandés Reinbert de Leeuw, quien baja la velocidad a tal nivel que resulta un acto profundamente poético, he aquí:





Otro pianista que entiende a cabalidad la poesía sonora de Satie es el sueco Roland Pontinen, quien desnuda la belleza de la Gnossienne 3 de la siguiente manera:




y hablando de poesía, la música de Satie captura a tal punto al escucha que hay quienes en su ensoñación ponen títulos propios que Satie ni siquiera imaginó, como la frase francesa Aprés la pluie (después de la lluvia), como una metáfora del aprés l´amour. Y que en realidad se trata del segundo movimiento de la Primera Gimnopedia:





La música de Erik Satie estuvo en el olvido muchos años. Fue gracias a John Cage (1912-1992) que se convirtió en un fenómeno que cambió, revolucionó la cultura musical del planeta. Se atribuye a Satie ser el precursor del gran movimiento minimalista, protagonizado por Terry Riley, Steve Reich, Philip Glass, LaMonte Young, entre otros grandes maestros. Y también influyó en Brian Eno, quien así creó la música ambient.
La pieza germinal se titula Vexations y es una joya que rescató John Cage y la estrenó en 1963 en una sesión que duró casi 19 horas. La obra dura apenas 80 segundos pero lleva la indicación de Satie: “tóquese 84 veces”, lo cual ha creado celebraciones musicales como en este día en distintos puntos del planeta, donde suena esta obra tan simple sencilla y poderosa, así:




Satie, el amante de los sonidos, el hijo de las estrellas. Cada vez escribía menos notas y cada vez despertaba más sonrisas. El ascetismo de su escritura equivalía al barroco más manierista, al filósofo más hondo, al pensador más elevado.
Una música mecida suavemente por el viento.

domingo, 8 de mayo de 2016

Ha muerto Isao Tomita




                                             

Al terminar el íntimo funeral este domingo, los familiares y la representación artística del músico confirmaron el secreto mejor guardado desde el jueves: Isao Tomita falleció el 5 de mayo en el Hospital Metropolitano Hiroo, de Tokio, a consecuencia de un paro cardíaco, a los 84 años de edad.
Fue un revolucionario del sonido.
Continuó el camino abierto por Wendy Carlos con las herramientas de un ingeniero genial: Robert Arthur Moog (1934-2005), inventor de los todavía en uso sintetizadores moog, con los cuales se escribió un buen tramo de la música electrónica y aún se sigue escribiendo, con ejemplos notables como el músico alemán Max Richter, quien ha hecho maravillas musicales como una versión harto sabrosa de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi:






            http://www.jornada.unam.mx/2014/06/07/cultura/a16n1dis
                            





Esta historia inició en los años sesenta del siglo pasado en el Columbia-Princeton Electronic Music Center, donde el ingeniero Bob Moog desarrolló los osciladores de voltaje controlado mediante un teclado de piano. Así, su fábrica de theremins




se convirtió en fábrica de sintetizadores, todos bautizados Moog, donde el cliente principal y luego empleado fue precisamente Walter Carlos, un genio conocido por sus versiones mágicas de la música de Bach:



pero sobre todo por ser el autor de la cinta sonora de una de las obras maestras de Stanley Kubrick: A Clockword Orange, La Naranja Mecánica



y otro filme kubrickiano magistral, The Shining, El Resplandor:





El continuador de este trabajo no tuvo tal éxito en el cine pero sí en la televisión, donde Isao Tomita fundó su reinado, donde la joya de su corona es una versión encantadora de una obra impresionista, titulada originalmente en inglés por su autor, Claude Debussy, como The snow is dancing, como parte de una suite de seis piezas titulada El Rincón de los Niños y que Isao Tomita convirtió en una suerte de encantadoras cajitas musicales, de las cuales esta es la más famosa y a la que Tomita le puso un nombre poético: The Snowflakes are dancing, Los copos de nieve están bailando:





y ese encanto se extendió por muchos territorios de la música de concierto, para deleite de la melomanía. Cuadros de una exposición, de Mussorgsky; Los Planetas, de Gustav Holst, la Suite El Gran Cañón, de Ferde Grofé y la siguiente versión de una de las composiciones más populares del orbe, el Bolero, de Ravel:





Y como no existen las casualidades, sino las causalidades, Tomita hizo una versión alucinante de Así habló Zaratustra, de Richard Strauss, que utilizó Stanley Kubrick como tema principal de su pieza maestra 2001, A Space Odissey:




Descanse en paz, maestro Isao Tomita, váyase tranquilo, tenga la certeza de que el próximo invierno los copos de nieve estarán danzando en su honor. Ah, y gracias por glosar la magia y el encanto de mucha música de Debussy.




domingo, 10 de abril de 2016

Zeiji Ozawa: el regreso del colibrí


El director de orquesta japonés Zeiji Ozawa regresó este domingo a la luz pública luego de ganar la batalla al cáncer. Fue también su retorno a una casa muy querida: la Philharmonie Berlin, sede de la Filarmónica berlinesa, con la que inició romance hace 50 años. Fue nombrado, en sencilla y divertida ceremonia, Miembro Honorario de esa orquesta, a la que dirigió en un programa dedicado a la Primera Escuela de Viena: Mozart y Beethoven.
Celebró así también su cumpleaños 80.
Y a propósito de cumplir 80 años, el programa originalmente estaba anunciado para ser dirigido por Zubin Mehta, quien canceló debido a cambio de planes en la manera como celebrará su cumpleaños 80, el próximo 29 de abril.
Zeiji Ozawa también había cancelado varias presentaciones debido a, sucesivamente, su tratamiento contra el cáncer, después una neumonía, luego una fractura de cadera y recientemente una caída al resbalar con la nieve en la calle en camino a un concierto.
Todas esas historias quedaron superadas, pues este domingo todo era sonrisas en el escenario de la Philharmonie.


 


Durante el ensayo, todos los músicos de la orquesta lo mimaron, se armó la sencilla ceremonia donde lo nombraron Miembro Honorario, le regalaron una edición facsimilar de la ópera Tristán e Isolda de Wagner con anotaciones de Wilhelm Furtwangler y uno de los músicos le gastó bromas lindas, como anunciarle que ya había convencido al alcalde de Tokio para que nombrara Zeiji Ozawa a una línea del Metro y luego le cantó una polka en “japonés”: una mezcla de términos japoneses y alemanes.
Y el concierto fue una delicia.


Inició con una de las obras más hermosas que existen en toda la literatura musical: la Serenata Número 10 para Alientos, conocida como Gran Partita, ejecutada por 13 integrantes de la Filarmónica de Berlín de pie, sin director, como era costumbre en la época de Mozart.


Lucieron de manera fulgurante dos corni di bassetto, ese instrumento tan peculiar para el que escribió Mozart muchas partituras muy divertidas y bellas, como esta Partita, cuyo Tercer Movimiento es un cántico de ángeles.
No en balde es el momento crucial de la película Amadeus, donde Salieri espía la partitura que había dejado Volfi Mozart sobre el atril y Salieri dice, al borde de las lágrimas: “me parece estar escuchando, en esta música tan bella, la voz de Dios” y luego inquiere: “¿cómo es que Dios eligió a una persona tan vulgar como Mozart para ser su voz?”.
Después del intermedio sonó Beethoven: la Obertura Egmont, dirigida por Zeiji como acostumbra: sin batuta y de memoria, moviéndose en el podio con la gracia de un colibrí, como fue descrito por un periodista hace medio siglo, cuando debutó con la Filarmónica de Berlín.


La obra culminante fue la Fantasía Coral de Beethoven, un monumento con piano y cantantes solistas y coro, un ensayo preliminar a la Novena Sinfonía.



El pianista solista fue Peter Serkin, hijo del legendario Rudolf Serkin. Y en ese mismo instante, mientras seguía yo el concierto de la Filarmónica de Berlín en la transmisión en vivo vía Internet, en otra casa querida, la Sala Nezahualcóyotl, también apareció un pianista estrella: Charles Richard-Hamelin, con el Segundo Concierto de Chopin




Y al ver la foto recordé los versos de Octavio Paz: “Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea”.

lunes, 21 de marzo de 2016

Bonanza musical en la UNAM


La cultura universitaria está de fiesta.
La noche del sábado y el mediodía del domingo ocurrió el primer concierto conmemorativo por los 80 años de la Orquesta Filarmónica de la UNAM (OFUNAM) y los 40 años de su sede, la Sala Nezahualcóyotl.
Fue un programa de gala. Inició con la Obertura académica festiva, de Johannes Brahms, muy apropiada para la ocasión.
De inmediato se notó un cambio para bien en el sonido de la OFUNAM, debido a la batuta huésped del serbio Bojan Sudjic, cuya calidad y buen talante ha sido acogida con beneplácito por los integrantes de la orquesta.


                


El sonido de la orquesta universitaria es ahora transparente, nítido, con todos su relieves bien definidos, cálido, gracias al trabajo de Bojan Sudjic.
Suceden ahora puras cosas buenas en lo que tiene que ver con música en la UNAM.
El público de la Sala Nezahualcóyotl ha crecido y destaca la presencia constante de muchos jóvenes, merced al acertado manejo de difusión. En redes sociales, por ejemplo, las actividades musicales de la UNAM son un agasajo.





Y también gracias a una excelente programación, bien planeada y preparada, la Sala Nezahualcóyotl  presenta llenos totales durante todos sus conciertos.
Al contrario del apresuramiento y falta de información de algunas notas de prensa amarillistas, el proceso de sucesión en la OFUNAM no significa un obstáculo para el desempeño óptimo de las actividades musicales y las pruebas están a la vista y al oído.
De hecho, Bojan Sudjic parece perfilarse como serio candidato a ser elegido, en un proceso en el que participarán con su voto los integrantes de la orquesta y la decisión final la tomarán el titular de la Dirección General de Música de la UNAM, Fernando Saint Martin De Maria y Campos y el rector, Enrique Graue, quien estuvo en el palco de honor la noche del sábado y después departiendo cordialmente con todo aquel que se acercó a él.
Siguió, en el concierto conmemorativo, la participación del siberiano Vadim Repin en el Concierto para violín de Max Bruch con un detalle de esos que hacen que la música sea un paraíso: regaló una pieza como encore, un Capricho de Paganini pero antes dirigió a la sección de cuerdas de la OFUNAM con su propio violín en pizzicato hasta formar un coro lindo que le sirvió de acompañamiento y todo sonó como un juguetito musical muy disfrutable.
Después del intermedio sucedió el estreno de la excelente partitura que el notable compositor mexicano Samuel Zyman escribió, por encargo de la UNAM, para la ocasión: Ríos y vertientes, una potente celebración fluida, tersa, de gran nivel.
La fiesta se prolongó con las siguientes tres piezas donde destacó la música jarocha, la de metrópoli en el Danzón Número 2 de Arturo Márquez y la de tierra adentro en el Huapango de Moncayo.
Y todos nos aventamos una sonora goya como lo marca la partirtura Goyas, de Arturo Márquez.
En el vestíbulo de la Sala Nezahualcóyotl se muestra una magnífica exposición con la historia de este recinto/joya/instrumento musical.
Podemos ver, por ejemplo, fotografías de las labores de construcción

      

y la Sala Nezahualcóyotl recién terminada, con la vista privilegiada de los volcanes, hoy arruinada por el amontonadero y desorden de construcciones que pululan alrededor (el Muac, por ejemplo, fue una imposición, originalmente se construiría junto a Universum, pero ese afán de tapar obras de arte y de show político dejaron ese armatoste en primer plano) y las obras en construcción no paran.


La inauguración de la Sala Nezahualcóyotl ocurrió el 30 de diciembre de 1976. Este es el programa de mano de aquel concierto inaugural:



cuando cumplió sus primeros 20 años, escribí la historia de ese recorrido en un libro que publicó la UNAM

     

hoy en día la Sala Nezahualcóyotl vive un periodo de alegría y brillantes. Es la casa de la OFUNAM, rozagante octagenaria.
Goooooyaaaa, goooyaaa, cachún cachún ra rá, cachún cachún ra rá, goyaaaaa, Universidaaaaaaad.