¡Detente,
instante, eres tan bello!
Y
Tomaz Pandur, ese genio esloveno del arte del teatro, detiene el
tiempo una y otra vez durante los 150 minutos que dura su puesta en
escena nacida de una piedra de toque de la cultura de Occidente:
Fausto,
el texto de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) utilizado como
detonador.
El
instante: un hombre solo garabatea en la pared de su estudio el
compendio del saber humano. Bello instante.
La
escenografía por sí misma es una obra de arte: dos bloques de
granito que navegan sobre el planeta agua: el piso entero del
escenario es una alberca de once centímetros de profundidad donde
los pasos de los actores resuenan como el goteo de un grifo mal
cerrado que impide conciliar el sueño toda la noche.
Esta
nueva incursión de Tomaz Pandur en el Fausto
de Goethe (la primera la realizó en 1990) resultó, con la puesta en
escena de Ubú Rey
a cargo de la compañía inglesa Cheek by Jowl, y la presentación de
Salif Keita en la Alhóndiga de Granaditas (la popular Albóndiga) y el ciclo de las nueves sinfonías de Beethoven con la orquesta Anima Eterna, que es lo que significa el nombre de su director y fundador: Jos van Immersel, figuran entre lo
mejor del Cervantino 43, aún y cuando falta todavía una semana para
que termine el festival de este año.
La
maestra Christa Cowrie realizó un registro completo de este hito,
este Fausto
de Tomaz Pandur . De su autoría son las fotografías insertadas en
este texto. Iniciemos con Fausto, interpretado por el actor Igor
Samobor:
¡Detente,
instante, eres tan bello!
Esa
frase del Fausto funge a manera de leit motiv de la puesta en escena
de una pesadilla, un marasmo, un deja-vu, un espejismo en el
desierto.
Espejismo.
Tomaz Pandur ama los espejos. El piso de su escenografía es un
espejo de agua. El par de muros de granito, donde Fausto escarba con
las uñas para desentrañar su soledad, funciona como espejo: ya se
unen ambas partes para conformar un solo muro, ya caminan hacia
atrás, hacia adelante. Y sobre ese par de tablillas arcaicas se
proyecta la caligrafía que garabatea Fausto y en la parte inferior
se desliza la sombra de un perro que camina, sigue a Fausto hasta su
estudio y se convierte en: el demonio, Mefistófeles:
Hondo
estudio sobre la naturaleza humana. Esta puesta en escena propone una
profunda reflexión que transcurre entre las tinieblas y la luz del
entendimiento.
Pero
en cuanto hace su aparición en escena Margarita, caracterizada de
manera magistral por la actriz Polona Juh, ya mis ojos no la
soltarán:
En
cuanto Margarita-Polona canta, toda la magia que ya se había
escanciado en el Auditorio del Estado, en la ciudad de Cuévano, hizo
explosión definitiva. Su globo negro, su vestimenta de Lolita, su
sonrisa que pierde a los mortales, su caminar casi a saltitos. El
fuego de sus ojos:
Ella
detiene el tiempo, que es tan bello. Y dura solamente un instante. En esas dos horas y media el espectador sufre con Fausto las veleidades
del ego que la cultura occidental obliga a cultivar. El debate entre
el bien y el mal. El malestar en la cultura. La insatisfacción.
Detente
instante. Y el instante no hace caso. Sube a Fausto al cielo. Se
mueven los muros y ahora está instantáneamente en el infierno.
Navegan los bloques de granito y ahora está en su estudio. En su
soledad. Y lo sigue un perro de aguas, como lo nombra una de las
traducciones existentes del clásico de Goethe.
Aparece
una actriz que encarna al personaje goetheano de La Inquietud: soy el
compañero eternamente inquieto/ al que siempre encontramos/ aunque
nunca lo busquemos/ a la vez acariciado y maldito.
Detente,
instante. Eres tan bello. Y ahora los muros de granito se vuelven uno
y ahí se proyectan imágenes del filme Fausto,
de Friedrich Wilhelm Murnau. Y enseguida el juego de espejos que
tiende Pandur se torna un aparte donde alguno de los autores, en un
dejo infinito pero fino de ironía, explica al público la escena
anterior y por qué se hizo así y no de otra manera. Y repiten esa y
otras escenas.
En
los créditos que aparecen en el programa de pierna (pues ahí se
deposita por lo general el programa de mano) dice: “Dramaturgia y
adaptación: Livija Pandur” y esto resulta relevante porque ella y
el director, Tomaz Pandur, tomaron una decisión capital: propusieron
un final diferente al de la obra original, la de Goethe.
En
la escena final en el libro del autor alemán, el Coro Místico
entona: “Todo lo perecedero no es más que un símbolo/ Aquí lo
inefable se convierte en hecho/ el Eterno Femenino nos atrae a lo
alto”
En
la escena final de la puesta en escena del artista esloveno, Fausto
entona esos versos pero omite el verso final: “El Eterno Femenino
nos atrae a lo alto”.
Y
en su lugar aparece Mefistófeles babeante: “¿para qué quiero lo
eterno? ¿de qué me sirve el conocimiento eterno? ¡Yo los maldigo a
todos ustedes!
Telón.
Aplausos. Estupor.
Las
dos horas y media transcurridas fueron un instante detenido, bello,
profundamente bello. Está entre lo mejor del Cervantino 2015.







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