Al terminar el íntimo funeral este
domingo, los familiares y la representación artística del músico confirmaron el
secreto mejor guardado desde el jueves: Isao Tomita falleció el 5 de mayo en el
Hospital Metropolitano Hiroo, de Tokio, a consecuencia de un paro cardíaco, a
los 84 años de edad.
Fue un revolucionario del sonido.
Continuó el camino abierto por Wendy
Carlos con las herramientas de un ingeniero genial: Robert Arthur Moog
(1934-2005), inventor de los todavía en uso sintetizadores moog, con los cuales
se escribió un buen tramo de la música electrónica y aún se sigue escribiendo,
con ejemplos notables como el músico alemán Max Richter, quien ha hecho
maravillas musicales como una versión harto sabrosa de Las Cuatro Estaciones de
Vivaldi:
http://www.jornada.unam.mx/2014/06/07/cultura/a16n1dis
Esta historia inició en los años sesenta
del siglo pasado en el Columbia-Princeton Electronic Music Center, donde el
ingeniero Bob Moog desarrolló los osciladores de voltaje controlado mediante un
teclado de piano. Así, su fábrica de theremins
se convirtió en fábrica de
sintetizadores, todos bautizados Moog, donde el cliente principal y luego
empleado fue precisamente Walter Carlos, un genio conocido por sus versiones
mágicas de la música de Bach:
pero sobre todo por ser el autor de la
cinta sonora de una de las obras maestras de Stanley Kubrick: A Clockword
Orange, La Naranja Mecánica
y otro filme kubrickiano magistral, The
Shining, El Resplandor:
El continuador de este trabajo no tuvo
tal éxito en el cine pero sí en la televisión, donde Isao Tomita fundó su
reinado, donde la joya de su corona es una versión encantadora de una obra
impresionista, titulada originalmente en inglés por su autor, Claude Debussy,
como The snow is dancing, como parte de una suite de seis piezas titulada El
Rincón de los Niños y que Isao Tomita convirtió en una suerte de encantadoras
cajitas musicales, de las cuales esta es la más famosa y a la que Tomita le
puso un nombre poético: The Snowflakes are dancing, Los copos de nieve están
bailando:
y ese encanto se extendió por muchos
territorios de la música de concierto, para deleite de la melomanía. Cuadros de
una exposición, de Mussorgsky; Los Planetas, de Gustav Holst, la Suite El Gran
Cañón, de Ferde Grofé y la siguiente versión de una de las composiciones más
populares del orbe, el Bolero, de Ravel:
Y como no existen las casualidades, sino
las causalidades, Tomita hizo una versión alucinante de Así habló Zaratustra,
de Richard Strauss, que utilizó Stanley Kubrick como tema principal de su pieza
maestra 2001, A Space Odissey:
Descanse en paz, maestro Isao Tomita,
váyase tranquilo, tenga la certeza de que el próximo invierno los copos de
nieve estarán danzando en su honor. Ah, y gracias por glosar la magia y el
encanto de mucha música de Debussy.
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